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VII Conversación Clínica del ICF / "Variaciones del Humor en la Clínica Psicoanálitica"

[Barcelona, 17 y 18 de febrero de 2007]
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VII Conversación Clínica del ICF: "Variaciones del Humor en la Clínica Psicoanálitica"

Barcelona, 17 y 18 de febrero de 2007

Con la presencia de Jacques-Alain Miller

Coordinación: Shula Eldar, Gustavo Dessal

Presentación de casos: Isabel Alonso, Cristina Califano, Hilario Cid, Marta Davidovich, Montse Puig, José Ramón Ubieto

Los días 17 y 18 de febrero de 2007 tendrá lugar en Barcelona la Conversación Clínica sobre el tema "Variaciones del humor en la clínica psicoanalítica". El mismo comprende una serie de fenómenos concernientes fundamentalmente al terreno de las psicosis, pero que también alcanzan a la subjetividad general de nuestra época, caracterizada por el afecto de la depresión.

La Conversación se centrará en seis casos clínicos y se realizará un documento de trabajo que servirá de orientación y será redactado por miembros del Instituto del Campo Freudiano en España. De este modo, los lugares que conforman la Red de Formación Continuada del ICFE estarán representados en el documento, aportando cada una de ellos un escrito. Una bibliografía general está en preparación.

Los casos y el documento de trabajo se enviarán a los inscritos con el tiempo necesario para realizar su lectura.

Como siempre, deseamos que la discusión teórica, así como las presentaciones de casos, se desarrollen en el espíritu habitual de elaboración colectiva que anima la fórmula de la Conversación.

Shula Eldar, Gustavo Dessal

Conversación Clínica 2007

El gran salón del Hotel Avenida Palace puso a prueba su nombre acogiendo a casi trescientos inscritos, provenientes en su mayor parte de los Seminarios del Campo freudiano, los Seminarios de Fundamentos, las Secciones Clínicas, los Grupos de investigación... El Instituto del Campo freudiano en España se reunía para su Conversación Clínica anual. Un febrero más Barcelona disfrutaba con las enseñanzas clínicas de Jacques-Alain Miller, al detalle.

Alrededor del tema "Variaciones del humor en la clínica psicoanalítica" la mesa se compuso con los casos de Montse Puig, José Ramón Ubieto, Hilario Cid, Marta Davidovich, Isabel Alonso y Cristina Califano, con la coordinación de Shula Eldar y Gustavo Dessal.

Siguiendo el mismo orden reseñamos aquí brevemente, en espera de ulterior publicación, una pequeña selección de comentarios y de detalles clínicos, aportados por los participantes y por J.-A. Miller, a nuestro juicio especialmente esclarecedores.

Con la diferenciación entre el fenómeno y lo que está en su base comenzó el comentario del primer caso. En ese sujeto maníaco-depresivo el fenómeno aparente, lo sintomático, era la caída, mientras que lo maníaco era el momento productivo. Pero en la base de todo ello se encontraba la vivencia primaria de sentirse en falta. "Estudiaba dándose cuenta de que no sabía para qué servía lo que estudiaba, no entendía su aplicación en la vida real, estudiaba en abstracto". El rasgo central del caso era el "no entender" (no llega al orgasmo de entender, formuló Miller); al no entender, el sujeto vive en un mundo sin sentido, por eso se convierte en especialista en métodos (deportivos, empresariales). Es como un paradigma del capitalismo, hace montajes significantes para producir plus de goce. En el momento de manía espera conseguir el valor, el plus de goce, y con el fracaso en extraerlo aparece el momento de caída. El humor es aquí algo robusto y simple: la depresión. Cada proyecto acaba en depresión, en cada ciclo descubre la falta de valor. Por eso el sujeto es un "comedor de libros", de vídeos, de actividades que permiten pasar el tiempo.

En el segundo caso, a diferencia del anterior, el sujeto no venía a causa de la caída sino por una "alta astenia". Cuando un sujeto no se instala en la depresión (o la depresión no tiene espesor), el diagnóstico de maníaco-depresivo no resulta tan interesante. Por eso, más que como un bipolar, Miller propuso tomarlo como un caso de "doble juego", paranoia del sujeto que sospecha que debajo de todo siempre se trata otra cosa, del goce sexual, y que lo reconoce en sí mismo, en su carácter violento. "Él se siente mal por su apetencia sexual, que considera degenerada y cree que la causa puede estar en sus orígenes (...), toda su familia hacía un doble juego respecto a la moral sexual". Ese "doble juego" localizaba en el sujeto un rasgo clínico neto, común a otros casos de la Conversación: la nobleza paranoica de los altos ideales compatible con un goce degenerado. El caso también dió para situar la feminización del Otro en la psicosis: el sujeto psicótico ubicando el goce en el Otro y la figura femenina representándolo. Por eso el sujeto del caso podía funcionar bajo el mando de una mujer fuerte, un Otro sin fisuras ni ambivalencias.

La tarde del sábado terminó con un caso que enseñaba por las precisiones que requirió, como el propio texto indicaba "Si de algo nos ilustra este caso es de la insuficiencia del concepto de Depresión. Tampoco el concepto de delirio y realidad nos sirven de mucho". El loco enamoramiento que presentaba el sujeto convocaba la precisión del diagnóstico estructural, ¿correspondía a una erotomanía?, ¿era un delirio de amor en una neurosis obsesiva? La certeza de una erotomanía tiene densidad, presencia, orienta la vida del sujeto... En ausencia de confirmación de "datos duros" de la psicosis o de una bipolaridad convincente, Miller propuso calificar el caso como un "ceropolar".

Si el trabajo del sábado había terminado sobre la clínica diferencial de la psicosis con la neurosis obsesiva, el primer caso del domingo permitió establecer los límites entre la megalomanía y una 'pseudohisteria'. El sujeto se presentaba como una rebelde, con mucha astenia, reivindicando el ideal y la verdad, pero por encima de todo había la prevalencia del Uno, no soportaba el dos. "No puede entender que su hermana dedique tanto tiempo (al novio). Ella jamás estará con un hombre. Le parece ridículo". Ella es la única, los demás sobran. Como dijo Miller: los otros son ridículos porque existen, es el 'autoculto' del Uno. El sujeto nombraba las variaciones del humor con un término, "el subidón y el down", y el caso iluminó la lógica de esos altibajos: en el centro la megalomanía y las fracturas de esa megalomanía eran el down, cuando ella reconocía que tenía una hermana o que el Padre la había abandonado. Ciertas orientaciones clínicas con la megalomanía fueron deducidas del caso, como el borrarse para resultar tolerable, dejar al sujeto como Uno, plegarse a que sea amo de su tiempo.

El quinto caso trató de un sujeto con lucidez sobre su psicosis, que tenía también una idea muy precisa sobre la función paterna: el padre impone un sentido. "La función del padre es muy importante, el padre siempre es adoptivo, el niño se lo encuentra, su función es espabilar al hijo". Por eso, el fracaso de la metáfora paterna daba lugar a hombres sin palabras, y "un hombre sin palabra no es un hombre". Otra ilustración clínica del caso recaía sobre lo crucial del momento de la primera masturbación, el primer goce autoerótico desencadenando el sinsentido en el sujeto.

En el sexto caso se apreciaba, como efecto de dos intervenciones, cómo se manufacturaba un espacio, "un pequeño reducto", a partir del cual el sujeto organizaba una trama para capturar algo del goce. Y ello a partir de la lectura y la escritura. "Viviendo en el extranjero, considera llegado el momento de tener relaciones sexuales. Sale una noche, se encuentra con un hombre, se acuesta, 'no sentí nada', 'solo carne'". El caso permitió subrayar una vez más la altura de los ideales cuando debajo se encuentra este "solo carne", marca de la forclusión. Los escritos de la paciente tenían como función organizar un cuerpo a partir del corpus social (el 'solo carne' del universo, leyó Miller), con un estilo despersonalizado.

Concluyó así la Conversación Clínica 2007. Las variaciones del humor en la clínica psicoanalítica encontrarán el modo de proseguir con su definición y sus enseñanzas. No tardarán en empezar su trabajo los responsables de la Conversación 2008.

Anna Aromí

Sobre "Variaciones del humor en la clínica psicoanalítica"

Bajo el título "Variaciones del humor en la clínica psicoanalítica", el fin de semana del 17 y 18 de febrero de 2007 tuvo lugar en Barcelona la Conversación Clínica anual del Instituto del Campo Freudiano en España (ICFE), que contó de nuevo con la presencia de Jacques-Alain Miller y estuvo coordinada esta vez por Shula Eldar (Barcelona) y Gustavo Dessal (Madrid).

Seis colegas aportaron sendos casos a la discusión: Isabel Alonso (Vigo), Cristina Califano (Bilbao), Hilario Cid (Málaga), Marta Davidovich (Madrid), Montserrat Puig y José Ramón Ubieto (Barcelona). Como es habitual, en esta modalidad de trabajo, los inscritos en la Conversación recibieron el material con la suficiente antelación para llegado el momento, favorecer la fluidez de la misma. También dispusieron previamente de un Documento de trabajo, que sirvió de orientación sobre el tema y fue redactado por colegas de los distintos lugares que conforman la Red de Formación continuada del ICFE.

En su mayoría, los seis casos de psicosis sujetos a debate venían diagnosticados y medicados psiquiátricamente como trastornos depresivos o bipolares, etiquetas que fueron interrogadas desde la perspectiva de la clínica psicoanalítica que, en tanto es una clínica del sujeto, variable cualitativa, rechaza el reduccionismo semiológico que la psiquiatría actual, con una perspectiva cuantitativa, ejerce sobre la noción de síntoma. Como sabemos, la entidad nosológica de la psicosis maníaco-depresiva se ha ido desmantelando paulatinamente en los manuales de psicodiagnóstico prevalentes desde los años 60 (la serie de los DSM) en aras de una supuesta clínica de los trastornos afectivos (disorders mood, en el DSM 4, traducido como "trastornos del estado de ánimo"; "trastornos del humor (afectivos)" en el CIE-10). Esta supuesta clínica opera un deslizamiento sutil del afecto (cualitativo) al humor (cuantitativo), o lo que es lo mismo del afecto, que es una cuestión del sujeto, al humor, como relativo a lo endógeno, que lo elimina: la perspectiva de medir, cuantificar el humor implica rechazar la significación y, con ello, al sujeto, en tanto es él quien da una significación a lo que le pasa.

Enric Berenguer señaló durante la Conversación la necesidad de mantener esta distinción entre la dimensión del afecto y la dimensión del humor para avanzar en la discusión de los casos.

Guy Briole señaló asimismo la necesidad de separar la psicosis maníaco-depresiva de la elación o el dejar caer observable en algunos casos. Tal como Berenguer plantea en el preciso texto que aportó al Documento de trabajo, los casos permitieron situar cómo "la elación o el afecto depresivo no son específicos de un tipo de relación del sujeto con el inconsciente ni están necesariamente comprometidas con la forclusión". Sin embargo, "el afecto y el humor nos interesan en la medida en que pueden ser interrogados en función de la variable sujeto, es decir, en función de la relación del sujeto con el inconsciente y con el goce". Puede decirse que "cuánto más aislado está el fenómeno afectivo respecto a la dialéctica subjetiva, más tiende a absolutizarse, a objetivarse en humor. La objetivación puede pensarse como lo opuesto a la incorporación del afecto, es decir, su inscripción en la carne misma, recubierta a su vez por el cuerpo imaginario. Pero no todos los fenómenos del humor en la psicosis pueden ser descritos en términos de objetivación, al menos en primera instancia. Es lo que encontramos en el humor depresivo de la melancolía tal como fue descrito por Freud, donde el fenómeno del humor no está separado de un estado afectivo vivido como tal por el sujeto y 'aparentemente' subjetivado".

Estas dos formas de absolutización de la experiencia del afecto se relacionan con alguna modalidad de desanudamiento, por lo que necesitamos pensar la cuestión cada vez con la perspectiva que nos abre la función del nudo.

Si bien el desarrollo de la Conversación no permitió situar en todos los casos debatidos variaciones del humor, todos ellos, muy interesantes, ayudaron a situar la cuestión.

En un caso se pudo ver cómo el momento "maníaco" coincidía con el momento productivo de la vida laboral del paciente, pero eso le ponía, en un segundo momento, en contacto con el agujero forclusivo y precipitaba una "caída".

En otro caso, la bipolaridad se presentaba no sólo como problema sino también como solución, en tanto rompía la monotonía psicótica e introducía cierta vivificación, por lo que debía encontrarse en el tratamiento la buena manera de sostenerla.

Un tercer caso, permitió ver cómo la risa maníaca surgía cada vez que el sujeto podría verse afectado, y ponía de manifiesto su desenganche de la cadena. La declaración del paciente sobre su estado "alto" o "bajo" se reveló, en sí misma, como una manera de poner un punto de basta que detuviera el deslizamiento metonímico. Jacques-Alain Miller señaló cómo en este caso, el mismo paciente significaba sus variaciones de humor, que no hay que pensar como ideas sino como fenómenos. Y planteó que es exigible que el paciente lo haga.

Por último, otro caso, puso de manifiesto cómo ante determinada expectativa, lo que surgía en lugar del afecto era el desafecto y no un retorno de lo real en forma de fenómeno de humor.

En todos los casos se pudo observar cierto estado megalomaníaco así como las distintas estrategias del analista ante ello. Distintas formas de flexibilidad por parte del analista posibilitaron, en cada uno de ellos, que dicho estado se redujera un poco.

Al interés de los casos presentados y del debate que se generó en torno a ellos, sólo cabe sumar el excelente clima de trabajo, que redobló el éxito de una convocatoria, ya exitosa de entrada: el aforo del Hotel Avenida Palace, donde se celebró la Conversación, estaba completo desde muchos días antes.

Margarita Álvarez
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