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XIII Conversación Clínica del ICF / "Fragmentos de real en las curas de neurosis"

[Barcelona, 2 y 3 de Marzo de 2013]
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XIII Conversación Clínica del ICF: "Fragmentos de real en las curas de neurosis"

Barcelona, 2 y 3 de Marzo de 2013

Con la participación de Jacques-Alain Miller

 


 

Programa

 

Sábado 2 de marzo

15 h. Recepción

15:30 h. Conversación

Casos de Andrés Borderías, Vilma Coccoz y Laura Canedo

20 h. Cocktail

 

Domingo 3 de marzo

10 a  14 h. Conversación

Casos de Elvira Guilañá, Gabriela Galarraga y Rosa Navarro

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Comisión de Organización: Anna Aromí, Miquel Bassols,

Mónica Marín, Rosalba Zaidel

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Comisión Bibliográfica:

Gabriela Alfonso, Almudena Collantes, Antonio de la Cueva, Beatriz García Martínez, Luis Iglesias, Concha Lechón, Antonio Morenete, Carmen Ribés, Juan Carlos Tazedjian (Responsable), Juan Jesús Ugarte y Gracia Viscasillas  

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Auditorio del Centro de Convenciones AXAAvda. Diagonal, 54708029 Barcelona

 

 

Tal vez un desencuentro, ya sea en el amor como en el odio, que ha provocado la angustia y la división más íntima del sujeto. Tal vez una pérdida que se le ha mostrado irreparable, imposible de sustituir por nada más en la vida y que ha abierto un agujero en su sentido, traumático desde entonces. O tal vez la caída de un ideal largamente conservado, pero también la desilusión que acompaña a veces su realización tan esperada, y la tristeza que sobreviene después, tan insólita como inmotivada. O también la repetición de un malestar que vuelve a presentarse de la manera más inoportuna allí donde menos cabía suponerlo y que alcanza entonces la condición de síntoma. Son formas en las que algo de lo real se presenta para el sujeto que llega a la consulta del psicoanalista.

¿Se trataría de trastornos determinados por un desarreglo del individuo con la realidad, ya se entienda este individuo como su organismo o como su mente? La categoría de lo real que orienta desde la enseñanza de Jacques Lacan la experiencia del psicoanálisis surge precisamente de considerar estas nociones como absolutamente insuficientes para dar cuenta de los malestares que motivan una demanda de tratamiento. Lo real no es uno, se presenta siempre de modo fragmentado e inapresable en la red que llamamos realidad. Lo real no está determinado como podría hacer suponer una ley de causalidad demasiado simplificada. Más bien indeterminado, es como un imposible lógico como Jacques Lacan lo aisló para mostrar su anudamiento con lo simbólico y lo imaginario: es aquello que no cesa de noescribirse en ellos, de norepresentarse en la experiencia y en el discurso del sujeto.

Los fragmentos de real que orientan un análisis solo podrán aparecer y abordarse entonces a través de encuentros sucesivos con algo contingente, con lo que cesa de no escribirse. El encuentro princeps con lo contingente es, precisamente, lo que el psicoanálisis descubrió como la transferencia y que llegó a definir el campo propio de las llamadas “neurosis de transferencia”. Y es así como los fragmentos de real podrán ordenarse en una cadena que debe mostrar entonces, caso por caso, sus propias leyes.

Nuestra próxima Conversación Clínica del ICF nos convoca así a hacer de estos fragmentos de real un motivo de enseñanza clínica en el estudio de cada caso presentado.

13-02-2013
Flash - Mª Dolores Castrillo
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13-02-2013
Flash - Concha Lechón
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13-02-2013
Flash - Neus Carbonell
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14-02-2013
Flash - Andrés Borderías
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16-02-2013
Flash - Ruth Pinkasz
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18-02-2013
Flash - Eugenio Castro
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21-02-2013
Flash - Enric Berenguer
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26-02-2013
Flash - Julio González
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28-02-2013
Flash - Ramona Llach
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BIBLIOGRAFÍA

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Tres preguntas a...

 

Tres preguntas a Pilar Foz

 

1) Freud definió la pulsión como un fragmento de actividad.¿Cómo podríamos pensar la repetición intrínseca del síntoma en relación a la expresión fragmento de lo real?

Lacan habla de fragmento de lo real en el Seminario XXIII, El sinthome. Es un nuevo real que se define como aquello que no se anuda a un sentido, un real en el que no hay relación. Es la perspectiva del nudo borromeo en la que imaginario, simbólico y real son tomados como elementos disjuntos, J.-A. Miller nombra estos elementos como “piezas sueltas que juegan solas su partida”.

Freud en el texto “Conferencias introductorias al psicoanálisis” señala dos perspectivas del síntoma, una que es del orden del sentido, otra del orden de lo real que incluye una satisfacción pulsional.

Repetición y pulsión tienen que ver con el síntoma como un modo de goce, es un funcionamiento que tratamos de elucidar a lo largo de la experiencia de un análisis. Se puede decir que ese recorrido también va desde el sentido hacia lo irreductible de lo real. Construimos en esa experiencia toda una serie de ficciones ligadas a un querer decir, pero de alguna manera ese desciframiento no será suficiente, se trata de ir un poco más allá de producir un resto, un relieve que es opaco. Eso que queda como resto es lo más singular de cada uno de nosotros con el que hay que saber hacer.

 

2) Establecer una homología entre simbólico, imaginario y real ha sido en la enseñanza de Lacan correlativa a la definición de síntoma como acontecimiento de cuerpo. ¿De qué modo podemos ubicar lo real en este encuentro del lenguaje y del cuerpo?

En la “Conferencia de Ginebra” Lacan dice que el lenguaje se introduce en el ser humano siempre bajo la forma de lalengua. En el atravesamiento desde el grito del recién nacido a la palabra se produce una criba que deja como producto una serie de detritos, restos con los que más tarde el ser hablante tendrá que arreglárselas.

Asimismo Freud en sus “Cartas a Fliess” apuntaba hacia esta misma cuestión, el 10/3/98 escribe: “me parece que la vida onírica parte por entero de los restos del periodo prehistórico de la vida... lo que en esa época es oído da como resultado las fantasías”.

Entramos en el campo del lenguaje a través del puro placer sonoro, la lengua se recibe y se sufre, deja marcas que tienen una incidencia sobre el cuerpo. Este es lo traumático del ser humano, estos acontecimientos imprevistos que ocurren en el cuerpo y que dejaron sus huellas en él.

Esos acontecimientos son de discurso en tanto se leen y se descifran en un análisis, al fin y al cabo de eso se trata, de que el sujeto encuentre los acontecimientos con los que se trazaron sus síntomas.

 

3) ¿Qué relación hay entre la experiencia de lo real en la cura analítica y el acto del analista?

Responderé a esta pregunta con una viñeta clínica de mi práctica con niños. A. tiene 20 meses cuando empiezo a verlo, se encuentra en la edad en la que aparecen los primeros sonidos, es decir, el balbuceo, cercano a lo que Lacan llamó lalengua. En los primeros encuentros aparece un sonido que se repite, un sonido que fonéticamente identifico a una onomatopeya que nombra a un animal domestico: el gato. Al preguntar por esto, el padre me explica que la persona que cuidaba al niño durante el primer año de vida tenía un gatito y el pequeño paciente jugaba con él.

Al escuchar esto enseguida creí comprender, y en las sesiones enlacé ese sonido a un sentido que por supuesto era el mío. Las cosas trascurrían así sin ningún cambio mientras yo seguía hablando a A. de los gatitos.

Dado que la cosa no funcionaba lo llevé a control. Efectivamente aparecía de mi parte esa insistencia en anudar ese elemento a una cadena significante, es decir, conectar el S1 con un S2 para producir algún sentido, aunque estaba claro que ese no era el camino a seguir. Se trataba de otra cosa, de tomar ese elemento como un S1disjunto, no fijándolo a una significación.

Poder soportar ese fuera de sentido, ese real que aparece en la cura analítica es verdaderamente una orientación a la que siempre hay que estar atento como analista.

 

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Tres preguntas a Claudine Foos

 

 

1) Freud definió la pulsión como un fragmento de actividad. ¿Cómo podríamos pensar la repetición intrínseca del síntoma en relación a la expresión fragmento de lo real?

J. Lacan Seminario XI : Ahora tenemos que detectar el lugar de lo real, que va del trauma al fantasma en tanto que el fantasma nunca es sino la pantalla que disimula algo, absolutamente primero, determinante en la función de la repetición , esto es lo que ahora nos toca precisar.

Entiendo esta cita de Lacan muy pertinente respecto de la primera pregunta, y me ha decidido a responderla desde un fragmento clínico.

Se trata de una paciente con muchos años de análisis quien en este plazo se encuentra cercana al final.

En una de las últimas sesiones relata lo que nombra como un hallazgo. Una muerte en el ámbito familiar, ocurrida cuando ella contaba con pocos años de edad, había quedado en el lugar del recuerdo traumático, aquello imposible de simbolizar más allá de las hilachas de lo real que había podido ubicar en el transcurso del análisis.

En la sesión a la que me refiero, la analizante relata que estaba leyendo una novela de un compatriota, cuyo argumento gira alrededor de los años de la dictadura en su país de origen. Transmite que en determinado momento de su lectura, el miedo la atenazó. Era un miedo conocido, angustioso, que la paralizaba quitándole el sueño. Aclara que nunca le había pasado esto, ni siquiera a posteriori de haber leído libros que retrataban ese ambiente con toda la sordidez de lo descriptivo.

Al terminar el libro, de madrugada la despierta la acidez de estómago. Quiere ir a buscar un antiácido. El miedo la repliega: no puede. Mira a su alrededor y enciende la luz en un gesto que asocia de inmediato con la infancia. El miedo, la angustia, no remiten. De inmediato, lo conocido de ese miedo la lleva de la mano a un escenario que nunca hasta allí había considerado en relación al del presente: es igual a un miedo anterior y éste, idéntico a su vez al que padeció en el episodio de la muerte del familiar. El miedo, concluye en análisis, es miedo a la irrupción de lo real.

La repetición es repetición del goce del trauma en el síntoma.

En la viñeta clínica aparece clara esta afirmación. No es el recuerdo como memoria significante. Es la intrusión de lo real, la huella de lo traumático, el miedo, la angustia, esa repetición de goce en el cuerpo.

 

2) Establecer una homología entre simbólico, imaginario y real ha sido en la enseñanza de Jacques Lacan correlativa a la definición de síntoma como acontecimiento de cuerpo. ¿De qué modo podemos ubicar lo real en este encuentro del lenguaje y del cuerpo?

La segunda pregunta nos orienta hacia la última enseñanza de Lacan.

A partir del Seminario XX hay una transformación de sus conceptos fundamentales, reformulados en relación a lo real.

Es este un camino que va desde el cuerpo mortificado por el significante, al significante como vivificador del cuerpo. De la autonomía de lo simbólico que reducía el cuerpo a un efecto de la cizalla del significante - dejando lo real bajo su égida- a un real que se anuda a los tres registros.

Todo este camino se articula alrededor del lenguaje como punto de partida y el cambio en la concepción del mismo.

De esta manera, Lacan introduce el concepto del parlêtre: el sujeto más el cuerpo, la sustancia gozante, el lenguaje como aparato de goce.

En resumen, el significante es causa de goce, y se necesita un cuerpo para gozar. En este sentido, el significante afecta al cuerpo, lo vivifica, es decir que también lo perturba, y deja huellasel acontecimiento de discurso que produce eso que afecta al cuerpo como exceso de goce, lo que Freud ubicó como traumáticoNo como memoria significante sino como lo que conmemora como repetición de goce en el cuerpo.

El traumatismo, en el sentido de Lacan, el nudo del acontecimiento traumático, no se remite a un accidente que deja huellas de afecto, descubre la incidencia de la lengua en el ser hablante y, con más precisión, en su cuerpo. El afecto esencial es el que traza la lengua sobre el cuerpo.

En el fragmento clínico que antecede, la huella, la marca, irrumpe como algo “conocido”, angustia y miedo, como señal en el cuerpo.

Miller habla de corporización para referirse al significante entrando en el cuerpo y afectándolo de un goce que será la piedra angular de su síntoma. Aquí no es el cuerpo que se vuelve significante sino el significante que se vuelve cuerpo.

 

3) ¿Qué relación hay entre la experiencia de lo real en la cura analítica y el acto del analista?

El acto analítico es una intervención sobre lo real del nudo sintomático, apunta precisamente a ese real que se produce en la experiencia analítica. De modo que “la experiencia de lo real” tal como la pregunta plantea, está ligada a dicho acto. Éste forma parte de una clínica que da cuenta tanto de la posición del analista, sustentada en la ética, como del deseo del analista.

¿Cuándo hablamos de acto analítico?: cuando la intervención afecta a lo real del goce operando una sustracción y un cambio en la posición subjetiva: el acto analítico es una operación de corte.

"El acto analítico atañe, muy directamente, ante todo, a los que no hacen de él profesión". No hay profesión de psicoanalista sino que más bien en su savoir faire, dicho acto se emparenta al acto poético. Ambos- acto analítico y acto poético – parecen estar conjugados por la poiesis, es decir lo singular de lo creativo y novedoso que los sustenta.

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Bibliografía:

S. Freud: Pulsiones y sus destinos.

Jacques Lacan : 

- Seminario XI ,  Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisi.

- Seminario XV, El acto psicoanalítico.

- Seminario XX, Aun.

- Seminario XXIII, El Sinthome

- Psicoanálisis Radiofonía & Televisión

J. A. Miller La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica

J.A. Miller Los signos del goce

José Antonio Naranjo Mariscal , La repetición en Freud y en Lacan

Manuel Fernández Blanco , La repetición como concepto fundamental del Psicoanálisis 

Graciela Brodsky ,  Fundamentos El acto analítico

 

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Tres preguntas a Estanislao Mena

  

1) Freud definió la pulsión como un fragmento de actividad.¿Cómo podríamos pensar la repetición intrínseca del síntoma en relación a la expresión fragmento de lo real?

El término fragmento de actividad, aparece al menos en dos ocasiones en Freud, en “Pulsiones y sus destinos”, donde dice que “toda pulsión es un fragmento de actividad (carácter esforzante)”(1) y en la “XXIII conferencia” “los caminos de formación de síntomas” dice: “El sueño genuino, el que quedó listo en el inconsciente y es el cumplimiento de una fantasía inconsciente de deseo, entra en una transacción con un fragmento de actividad (pre) consciente; ésta, que ejerce la censura, permite, lograda la avenencia, la formación de un sueño manifiesto en calidad de compromiso. Del mismo modo, la subrogación de la libido en el interior del inconsciente tiene que contar con el poder del yo preconsciente (2).

De esta forma el fragmento de actividad, toda pulsión lo es, está presente en la formación de síntomas, que se colocan allí donde un real no tiene a su disposición las palabras necesarias para poder realizar una simbolización.

El fragmento de real, es desarrollado por Lacan en la lección VIII delSeminario 23 El sinthome, donde dice: “que de lo real, ese del que se trata en lo que se llama mi pensamiento, es siempre un fragmento, un cogollo... en torno del cual el pensamiento teje historias, pero el estigma de este real como tal es no enlazarse con nada” (3).

La repetición intrínseca del síntoma es un intento de atrapar este real, que no se “enlaza con nada”, como ese fragmento escondido en el núcleo de la repetición, nunca simbolizado y precisamente por eso, siempre regresamos a él tratando de poner palabras, que nos permitan dejar de repetir. “El estigma de lo real es enlazarse con nada” (4).

 

2) Establecer una homología entre simbólico, imaginario y real ha sido en la enseñanza de Jacques Lacan correlativa a la definición de síntoma como acontecimiento de cuerpo. ¿De qué modo podemos ubicar lo real en este encuentro del lenguaje y del cuerpo?

Lacan inscribe el síntoma en el cuerpo desde el inicio de su enseñanza, también concibe el lenguaje como “cuerpo sutil”. Conceptualizar el síntoma como acontecimiento del cuerpo es otra cosa. El concepto de acontecimiento ya está ligado a lo real, no tiene que ver con la historización, sino con algo más allá del desciframiento. Al comienzo de su enseñanza, el sujeto implica a la cadena de significantes en el inconsciente, no en el cuerpo, pero se verá en la necesidad de establecer un enlace entre el significante y el goce. Introduce entonces el concepto de «parlêtre», que designa en adelante el ser por el goce del cuerpo. El acontecimiento del cuerpo es la intromisión del significante en el cuerpo.

Este concepto aparece una vez en un escrito breve, “Joyce el síntoma”: “Dejemos el síntoma en lo que es: un acontecimiento de cuerpo, ligado a lo que: se lo tiene, se lo tiene del aire, se lo aira, del se lo tiene. En ocasiones eso se canta, y Joyce no se priva de ello” (5).

En su “Biología Lacaniana”, J.-A. Miller muestra como el síntoma como acontecimiento de cuerpo, es un discurso sin palabras, que pone en primer plano la pulsión de muerte. Donde faltan las palabras no aparece lo simbólico.

Desde el momento en que el síntoma implica un goce que pasa por el cuerpo, el síntoma como acontecimiento del cuerpo se impone. J.-A. Miller dice: “se trata siempre de acontecimientos discursivos que dejaron huellas en el cuerpo, que lo perturban y producen síntomas en él, pero solo en la medida en que el sujeto en cuestión sea apto para leer y descifrar estas marcas. Y es que finalmente esto tiende a reducirse a que el sujeto encuentre los acontecimientos con los que se trazan sus síntomas” (6).

Miller nos advierte que el estatuto de la interpretación, en el sentido freudiano, que lleva a la significación, se vuelve problemático, hay un más allá del lenguaje en el cuerpo, más allá de la interpretación por el sentido.

En “Sutilezas analíticas” nos lo aclara: “no es un acontecimiento del pensamiento, no es un acontecimiento del lenguaje, es un acontecimiento del cuerpo. Falta aún por saber de qué cuerpo... un acontecimiento del cuerpo sustancial, ese que tiene consistencia de goce. Y aquí estamos en un nivel que no es el del inconsciente...” (7) “se detiene en lo fuera del sentido del goce, y que al lado del inconsciente, donde eso habla... está lo singular del sinthome, donde eso no habla a nadie” (8).

 

3) ¿Qué relación hay entre la experiencia de lo real en la cura analítica y el acto del analista?

 “…el acto (a secas) acontece por un decir, a partir del cual el sujeto cambia. Andar no es un acto por que se diga “eso anda”, incluso “andemos”, sino porque “yo llego allí” se verifique en él” (9).

De esta forma podemos ver que el acto analítico no es la interpretación, en el sentido de la introducción de un significante que falta y agregando sentido, aunque hay una relación entre interpretación y sentido, “pero esta solo restablece el sentido restituyendo el significante insensato” (10).

El acto analítico introduce la certeza, el inconsciente transferencial hace nudo con la interpretación, y ese nudo se llama sujeto supuesto saber, mientras que el acto introduce la certeza por tocar el inconsciente real aquel que ha desarrollado J.-A. Miller a partir de la frase de Lacan en el “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11”: “Cuando [...] el espacio de un lapsus, ya no tiene ningún alcance de sentido (o interpretación), sólo entonces uno está seguro de estar en el inconsciente. Uno lo sabe, uno mismo” (11).

Solo hay acto analítico si este acto cambia al sujeto, el acto siempre apunta a lo real.

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Notas:

(1) S. Freud. “Pulsiones y destinos de pulsión”. O. C. Vol. 14, p. 117-8.

(2) S. Freud. “XXIII conferencia”, “Los caminos de la formación del síntoma”. A.E. O. C. Vol. 16, p. 328.

(3) J. Lacan. Seminario XIII, El sinthome. Paidos, Buenos Aires, 2006, p. 121.

(4) Ibid. p. 122.

(5) J. Lacan. Otros Escritos, “Joyce el Síntoma”. Paidos, 2012, p. 595.

(6) Ibid, p. 373.

(7) J.-A. Miller. Sutilezas analíticas. Paidos, Buenos Aires, p. 106-7.

(8) Ibid. p. 106.

(9) J. Lacan. Otros Escritos, “El acto psicoanalítico”. Paidos, Buenos Aires, 2012, p. 395.

(10) J.-A. Miller. La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. Paidos, Buenos Aires, 2003, p.116.

(11) J. Lacan. Otros Escritos, “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11”. Paidos, Buenos Aires, 2012, p. 599.

 

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Tres preguntas a Susana Brignoni

 

1) Freud definió la pulsión como un fragmento de actividad.¿Cómo podríamos pensar la repetición intrínseca del síntoma en relación a la expresión fragmento de lo real?

Para Freud en el origen de todo proceso psíquico hay la pulsión, ese “concepto fronterizo entre lo anímico y lo somático”, que se caracteriza por su fuerza constante, “como una medida de la exigencia de trabajo que es impuesta a lo anímico a consecuencia de su trabazón con lo corporal” y que a su vez es un “fragmento de actividad”. Es decir, que de entrada, para Freud hay la articulación entre lo somático y lo psíquico, y esa articulación está marcada por un “no-todo”, por un fragmento. En “Más allá del principio del placer”, Freud postula la pulsión de muerte, que no trata de una realidad nueva, sino que explica lo que desde el inicio de su práctica ya estaba presente: aquello que no deja de insistir, que no deja de repetirse a nivel de lo inconsciente: la compulsión a la repetición, la reacción terapéutica negativa... Es decir aquello que no se deja alcanzar por el trabajo significante: lo que permanece como un “fragmento de real”, aquello “intrínseco al síntoma”. Lacan en el Seminario XXIII dice respecto a lo real que “es siempre un fragmento, un cogollo. Ciertamente, es un cogollo en torno del cual el pensamiento teje historias, pero el estigma de este real como tal es no enlazarse con nada...” (p.121) por eso vuelve, por eso insiste y más adelante dirá que “la pulsión de muerte es lo real en la medida en que sólo se lo puede pensar como imposible. Es decir que cada vez que asoma la punta de la nariz, es impensable”(p.123).

Entonces tenemos fragmento, cogollo, meollo o núcleo: trozos de real que se imponen, que se escapan cuando se los quiere decir, que retornan…Lacan señala, creo, que para cernirlo hay que escribirlo y sin embargo eso no basta (p.127)…ya que está la dimensión de lo imposible, “el no cesa de no escribirse” (Seminario XX, p.114).

 

2) Establecer una homología entre simbólico, imaginario y real ha sido en la enseñanza de Jacques Lacan correlativa a la definición de síntoma como acontecimiento de cuerpo. ¿De qué modo podemos ubicar lo real en este encuentro del lenguaje y del cuerpo?

Lacan en su texto “Joyce el Síntoma” (Uno por Uno, nº 45, p.13) nos dice: “Dejemos el síntoma en lo que es: un suceso de cuerpo, ligado a lo que se tiene...” Lo que se tiene es el cuerpo: “hay que mantener que el hombre tiene un cuerpo, o sea que habla con su cuerpo; dicho de otro modo, que parlêtre, hablaser por naturaleza” (p.10). También nos señala que por tener un cuerpo hay que revestirlo ya que por tenerlo se “puede hacer, con lo que se tiene, algo” (p.10). Creo que es allí donde podemos ubicar lo real (lo real que cortocircuita el lenguaje y el cuerpo) a nivel del “goce opaco” (p.14) propio del síntoma, opaco por “excluir el sentido”... Miller dice en La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica: “se trata siempre de acontecimientos discursivos que dejaron huella en el cuerpo, que lo perturban y producen síntomas en él, pero sólo en la medida en que el sujeto en cuestión sea apto para leer y descifrar esas marcas. Y es que finalmente esto tiende a reducirse a que el sujeto encuentre los acontecimientos con los que se trazan sus síntomas” (p.373). En ese encuentro entre lenguaje y cuerpo, lo real es aquello que permanece ajeno a la significación, es el “no hay” de lo que se tiene. “Goce opaco” dice Lacan en “Joyce el Síntoma” y en el Seminario XXIII también hará una alusión a la luz, mostrando esas “vueltas en círculo” que no puede dejar de dar porque como afirma lo real es su síntoma. Dice: “Oscuro es en este caso sólo una metáfora, porque si supiéramos un fragmento de real, sabríamos que la luz no es más oscura que las tinieblas, e inversamente...” (p.122). Entonces se trata en relación a lo real de un saber que no está hecho de sentidos... entre lenguaje y cuerpo hay encuentro y en el encuentro hay, paradójicamente, distancia... hiancia donde puede alojarse un saber hecho de los modos singulares del hacer.

 

3) ¿Qué relación hay entre la experiencia de lo real en la cura analítica y el acto del analista?

Lacan busca las formas de hacer con lo no simbolizable, con lo incurable, con lo imposible. En el Seminario XXIII (p.135) donde postula que lo real es sin ley, que el “verdadero real” implica la ausencia de ley, la ausencia de orden se plantea que “lo único que tal vez un día llegue a articular ante ustedes es algo que concierne a lo que llamé un fragmento de real”. En una cura analítica, en la búsqueda que hacemos de la verdad nos decepcionamos y eso, nos dice Miller, es un modo de nombrar el “hallazgo de lo real”: fragmentos de real, inoportunos, que se imponen, efecto de encuentros contingentes (diversos modos de emergencia que llevan a la consulta del psicoanalista y que están presentes, atraviesan las curas). El fantasma es uno de los modos, uno de los intentos de tratar los fragmentos de real, de enlazarlos a un sentido.

La cuestión para el analista es, creo, ¿Qué quiere decir una cura orientada por lo real? ¿Qué es eso de que lo real orienta? Creo que Lacan nos ayuda a intuirlo cuando junta al fuego con el frío: “El fuego es lo real. Lo real prende fuego a todo. Pero es un fuego frío. El fuego que quema es un disfraz, si puedo decirlo así, de lo real. Lo real debe buscarse del otro lado, del lado del cero absoluto... No hay límite a lo que se puede imaginar como alta temperatura... Lo único que hay real es el límite inferior. Eso es lo que llamo algo orientador. Por eso lo real lo es. Hay una orientación pero esta orientación no es un sentido... excluye el simple hecho de la copulación de lo simbólico y lo imaginario, que es en lo que consiste el sentido. La orientación de lo real, en mi propio territorio, forcluye el sentido” (p.119).

No resulta sencillo saber “hacer con” esa orientación hacia lo real. Sin embargo puedo pensar en algunas operaciones, presentes en el acto del analista, dentro de una cura: cernir la posición de goce, reducir ese goce, captar dentro de ese goce lo que causa el deseo...

 

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Tres preguntas a Carmen Grifoll

 

1) Freud definió la pulsión como un fragmento de actividad.¿Cómo podríamos pensar la repetición intrínseca del síntoma en relación a la expresión fragmento de lo real?

Por un lado tenemos la pulsión como fragmento de actividad:

Freud en “pulsiones y destinos de pulsión” (1915), nos habla de la pulsión como un representante psíquico de los estímulos que vienen del interior del cuerpo, como una medida de la exigencia del trabajo impuesto a lo psíquico a consecuencia de su trabazón con lo corporal”.

Es en este sentido que podemos entender “la pulsión como una intrusión del cuerpo en lo psíquico”. Una intrusión real en lo simbólico, no simbolizable.

Por otro lado Lacan nos habla de la repetición según dos ejes:

-la repetición en relación al orden simbólico y a la cadena significante.

-Y la repetición ligada a lo real: lo imposible, lo imposible de afrontar por el sujeto, lo imposible de simbolizar. Lo real como aquello que no alcanza ningún significante.

J.-A. Miller en el cap. XIV del Seminario 11, le pregunta a Lacan sobre “la relación de la pulsión a lo real” y Lacan le contesta: “el objeto de la pulsión debe situarse en el plano de lo que llame una subjetivación acéfala, una subjetivación sin sujeto. La otra faz es la que hace del sujeto, debido a sus relaciones con el significante, un sujeto agujereado”.

Es así como la experiencia analítica nos enseña la vertiente significante del Síntoma, dúctil a la lectura significante y esa otra parte de la repetición ligada a lo real, imposible de simbolizar, sin sujeto, que muestra los limites del simbólico e imaginario de cada uno. Un núcleo inalcanzable, algo que escapa. Y por tanto también lo mas particular. Por ello lo real también es lo que escapa a toda clasificación.

 

2) Establecer una homología entre simbólico, imaginario y real ha sido en la enseñanza de Jacques Lacan correlativa a la definición de síntoma como acontecimiento de cuerpo. ¿De qué modo podemos ubicar lo real en este encuentro del lenguaje y del cuerpo?

Primero decir que en la enseñanza de Lacan encontramos que lo real solo se define que en su relación a lo simbólico y a lo imaginario.

Freud en su “Conferencia 31” “La descomposición de la personalidad psíquica” describe el aparato psíquico y considera “las pulsiones como algo físico que tendrían su representación psíquica en los procesos mentales. Pero añade “las leyes del pensamiento no rigen a los procesos del ello”. Y “lo poco que sabemos lo hemos averiguado a partir del trabajo del sueño y de la formación de síntomas neuróticos”. Es decir que en su definición del aparato psíquico ya hay algo que escapa y lo dice así “no juzguen con demasiada dureza este primer intento de volver intuible lo psíquico, tan difícil de aprehender”.

También Lacan a lo largo de su enseñanza nos muestra su intento de buscar más allá del significante, es decir, lo que ningún lenguaje le podía decir.

En “Instancia de la letra” acude a la lingüística y se interroga sobre la naturaleza del lenguaje y nos habla de lo real como aquello que ningún significante puede significar.

Pero en el encuentro entre el lenguaje y el cuerpo siempre queda algo indescifrable. En la medida en que antes del advenimiento del sujeto como sujeto del inconsciente y su pasaje simbólico a la existencia, el real ya se encontraba. Ese real hecho de marcas que han dejado sus huellas y que en un análisis tratamos de cernir.

Esto es lo que en palabras de Freud se puede entender como “no hay representante de la representación.”

 

3) ¿Qué relación hay entre la experiencia de lo real en la cura analítica y el acto del analista?

Lacan en sus Escritos hablando sobre la Verneinung de Freud dice así: “para que lo real no se manifieste de un modo intrusivo en la existencia de un sujeto, es necesario que sea tomado en el margen por lo simbólico”.

Una secuencia clínica para responder a la pregunta.

Un adolescente que atendía en un Servicio publico de Salud Mental, en el transcurso de su tratamiento se ve aquejado por una enfermedad inflamatoria de los ganglios sub-maxilares, comúnmente “paperas”, que le hacen quedarse en la casa durante unos días.

A la vuelta viene a la sesión visiblemente inquieto, sudoroso y con dificultad expresa lo que le sucede: se le han inflamado los testículos y no puede dejar de observárselos. Añade “que le vienen las paranoias”. No puede dejar de pensar en ello, cree que se le quedaran así y que ha contraído una enfermedad maligna.

Mis palabras que intentaban introducir significantes que le sirvieran para relacionar la inflamación a las paperas no le servían.

No se trataba entonces de la vía de la significación. Esto me llevo a pensar en introducir la palabra de un tercero que por la vía del saber de medico. Sus explicaciones le aplacaron. Y pudo así proseguir desplegar lo que el denomino “sus paranoias”.

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Preguntas Realizadas por la Comisión bibliográfica: Gabriela Alfonso,Almudena Collantes, Antonio de la Cueva, Beatriz García Martínez, Luis Iglesias, Concha Lechón, Antonio Morenete, Carmen Ribés, Juan Carlos Tazedjian (Responsable), Juan Jesús Ugarte y Gracia Viscasillas

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