Referencia sobre el artículo El desarrollo de la transferencia, de Ida Macalpine [1]

Referencia presentada en el Seminario del Campo Freudiano el 18 de febrero de 2017 en la clase impartida por Montserrat Puig sobre el apartado IV del texto de Lacan “La dirección de la cura y los principios de su poder", de 1958.

  • Publicado en NODVS XLIX, juny de 2017

Resum

El presente trabajo es una referencia al articulo de Ida Macalpine, “el desarrollo de la transferencia”, publicado en  1950. Lacan, en su escrito “la dirección de la cura y los principios de su poder”, cuestionará el concepto de regresión que la autora propone en su texto como pivote de la transferencia, así como el de frustración de la demanda. 

Paraules clau

Ida Macalpine, transferencia, regresión, hipnosis, frustración, demanda.

Aristas transferenciales

Ida Macalpine, psicoanalista de la escuela inglesa, discípula de Edward Glover, publicó en 1950 el artículo que lleva por título “el desarrollo de la transferencia”[2]. Se trata de un texto extenso, elogiado en su momento, en el que la autora se plantea los problemas y las controversias de la transferencia en lo que se refiere a sus causas y mecanismos.

Macalpine nos introduce en su trabajo planteando que si bien existe unanimidad entre los psicoanalistas en considerar la transferencia y su manejo como el elemento crucial sobre el que pivota la cura analítica, existe una gran confusión acerca de su conceptualización y los factores que la producen.

La autora, en la primera parte de su trabajo, establece un extenso y minucioso recorrido histórico en el que intentará definir los motivos de la escasa investigación sobre el fenómeno de la transferencia. Macalpine atribuirá la razón principal, a que el psicoanálisis, como heredero de la hipnosis, ha adoptado para sí algunos de sus términos, entre ellos el de sugestión o sugestibilidad, arrastrando así, la gran confusión y ambigüedad que ya en ellos residía.

Como ya es sabido, el papel de la sugestión en psicoanálisis es controvertido: si bien en un inicio fue repudiado en los intentos del psicoanálisis para diferenciarse de la hipnosis, Macalpine señala en su artículo que el propio Freud la consideró en varios momentos, como fuerza equivalente a la transferencia. Sin embargo, si en algo estaban de acuerdo los psicoanalistas de la época, era que ésta, la sugestión, debía de ser eliminada, mientras que la transferencia, debía ser analizada y resuelta.

En sus intentos por establecer sus diferencias, la autora, valiéndose de una gran cantidad de citas y referencias, define  la hipnosis como una relación de autoridad del hipnotizador hacia el paciente. Según Freud, la relación se transforma súbitamente en relación padre-hijo, tomando el hipnotizador el lugar del Yo ideal del paciente. En cambio, concibe la transferencia como un fenómeno que se despliega lenta y gradualmente y emerge de forma espontánea, existiendo para ella, una predisposición natural en el analizante.

Si seguimos adentrándonos en su artículo, Macalpine nos propone recorrer minuciosamente la literatura psicoanalítica rastreando en ella, las huellas de la  transferencia. La autora, enumera una tras otra las discrepancias existentes sobre el tema, destacando entre sus mecanismos operativos, el desplazamiento, la proyección y la introyección, la identificación y la compulsión a repetir.

Macalpine se cuestiona, abre preguntas, y en sus idas y venidas, emprende el camino hacia la construcción de su propia tesis sobre la transferencia.

Vayamos entonces a construirla intentando seguir sus pasos:

Macalpine considera que el proceso analítico es de naturaleza regresiva. Éste, crea un encuadre infantil, al que el analizante se adapta por medio de la regresión.

Se trata de llevar al paciente a una situación de repetida frustración tal y como sucede en la infancia. Éste, esperaría ser amado por el analista, ayudado, elogiado o criticado, y ante su pasividad e inmutabilidad, le seguirá la desilusión, la frustración y su consiguiente regresión. El encuadre pues, infantiliza al paciente. Esta regresión permitirá la reviviscencia de vivencias y recuerdos infantiles, permitiendo así hacer consciente el contenido inconsciente.

“El paciente va al análisis con la esperanza y la expectación de ser ayudado. Por ello, espera algún tipo de gratificación pero ninguna de sus expectativas se cumple. Hace confidencias y no recibe nada a cambio. Trabaja duramente y espera elogios en vano. Confiesa sus pecados sin que le sean proferidas absoluciones o se le apliquen castigos. Espera que el análisis sea una relación pero se le deja solo. (…) Es cierto, juzgando el proceso como un todo, que tal como el análisis procede, el analizante es extraviado y engañado. Lo único que le salva de la rebelión y el abandono del tratamiento es la absoluta certeza y las continuas pruebas de que este procedimiento, a pesar de la presión y la frustración que impone, es necesario por su propio bien, y que es un método objetivo con el único fin de beneficiarlo sin ningún otro propósito” [3].

Tal frustración de la satisfacción en la situación analítica que permite el desarrollo de una neurosis de transferencia, responde al mismo mecanismo por el cual una persona enferma de neurosis al negársele la satisfacción de su libido. El concepto de regresión quedará pues, vinculado no sólo a la enfermedad, sino también al tratamiento analítico.

La autora describe y enumera los factores que permiten el establecimiento de este encuadre infantil, destacando como ya hemos visto, la actitud y abstención del analista, como los más importante en la inducción de la transferencia analítica.

Macalpine cuestiona la espontaneidad que hasta ahora se había atribuido a las reacciones de transferencia, pasándolas a considerar como respuestas a la propia técnica. Afirma, que si bien es cierto que el paciente trae consigo una predisposición para establecer transferencias, es el setting infantil al que se le expone, lo que permite su desarrollo.

Refiriéndose a la contratransferencia destaca, que estando el analista en una posición de autoridad respecto al paciente, debe resistirse a toda tendencia regresiva evitando caer victima de su propia técnica. En psicoanálisis, a diferencia del resto de psicoterapias, el analizante no recibe ni es depositario de ninguna transferencia, recordemos que el analista “(…) se mantiene distante, neutral, como un espectador y nunca participa como actor” [4].

La transferencia analítica, concluye Macalpine, es como ya se ha dicho, inducida activamente por el encuadre analítico, para posteriormente, ser analizada, elaborada y finalmente, resuelta. Hasta aquí el artículo.

Lacan, retoma su pista en el texto que nos ocupa para advertirnos: no se trata de frustrar la demanda para infantilizar al analizante induciéndolo a un estado regresivo de niño desamparado tal y como Macalpine nos describe. ¿De qué se trata entonces?

Miller en su seminario ‘Lógicas de la vida amorosa’ [5] nos recordará los dos tipos de demanda a los que Lacan se refiere: la demanda transitiva, situada en el nivel de la necesidad, en la que el sujeto se dirige al Otro que tiene, que tiene lo necesario para satisfacer la necesidad, y la demanda intransitiva, situada en el nivel del amor, en el que la demanda se dirige al Otro que no tiene, no existe regalo que pueda colmarla. Esta demanda entraña en sí misma el deseo de reconocimiento, de presencia – ausencia de un Otro simbolizado: el pecho por ejemplo, ya no es más un simple objeto que satisface una necesidad, sino un símbolo de presencia de la madre.

En el seminario 5 ‘Las formaciones del Inconsciente’ [6], Lacan articulará la distinción de ambas demandas a los conceptos de sugestión y transferencia, estableciendo el siguiente eje teórico: la demanda transitiva, como demanda articulada que dirige el paciente al analista, corresponde al nivel de la sugestión; la demanda incondicional de amor, ese más allá de la demanda, corresponde al lugar de la transferencia (Lacan 1957). Lacan nos lo recuerda en ‘La dirección de la cura y los principios de su poder’: “si lo frustro, es que me pide algo. Que le responda, justamente. Pero él sabe bien que no serían más que palabras. Como las que puede obtener de quien quiera. Ni siguiera es seguro que me agradecería que fuesen buenas palabras, menos aún, malas. Esas palabras, no me las pide. Me pide…,por el hecho de que habla: su demanda es intransitiva, no supone ningún objeto” [7].

En el seminario 8 de ‘La transferencia’ [8] Lacan propondrá revisitar las etapas de organización libidinal –oral anal y genital- articulándolas a las distintas modalidades de demanda, demanda oral y demanda anal, constituyéndose en la etapa genital, el deseo, como justamente aquello que no se pide. Y es a este nivel de la demanda y la pulsión al que el análisis retrotrae al sujeto, demanda que Miller en su seminario ya citado ‘Lógicas de la vida amorosa’ se referirá como “demanda que no habla; demanda que Freud mismo llamaba silenciosa a propósito de las pulsiones” [9]. Aquí es donde Lacan ubica la regresión: la única regresión  operativa en análisis, es la regresión significante, aquella que implica la aparición en el discurso de significantes de la demanda, de los objetos de la pulsión que en tanto significantes, el sujeto tuvo que vérselas en su relación con el Otro y su deseo, “porque en ese momento de su demanda, fue cuando para él, se plantearon los problemas de sus relaciones con el Otro, que luego resultaron determinantes para el establecimiento de su deseo”. [10]

Dichos objetos significantes propios del funcionamiento pulsional, no son más que  objetos significantes de la demanda de amor; y será sólo en el nivel de esta demanda intransitiva y de su no respuesta, que podrá abrirse la transferencia. De lo contrario, seguiremos en el plano de la sugestión, de la satisfacción de la necesidad y su demanda transitiva: la trampa, tal y como se refiere Lacan al hablar de los postfreudianos, que con sus intentos de gratificación de la demanda, dejan al sujeto en el plano de la necesidad y de su batería infinita de objetos para su satisfacción.

Y para terminar, volvamos al artículo de nuevo, y es que ese Otro al que el paciente se dirige la situación analítica que Macalpine nos propone, ¿no se trata más bien de ese Otro omnipotente de la demanda? Su no respuesta, en mi opinión, deja al paciente atrapado en la mera mecánica de la demanda, en el encuentro con un Otro todopoderoso con el cual el sujeto vuelve a encontrarse. La única salida a esta encrucijada, pasa por un encuentro distinto, el encuentro con un Otro que no tiene, que permite la puesta en marcha de la demanda de amor y por lo tanto, de la transferencia; de un Otro que lo único que puede ofrecer, es la nada, esa falta en ser, ese deseo vaciado de su persona, único lugar, vacío, donde el inconsciente del paciente podrá  desplegarse.

Notes

[1] Macalpine, Ida. ‘Desarrollo de la transferencia’ en Bibliográfica -1. Barcelona 1998.

[2] Macalpine, Ida. Título original ‘The developement of the transference’ en The  Psychoanalitic Quartely nº4.1950. pp. 500-539.

[3] Macalpine, Ida. ‘Desarrollo de la transferencia’ Op cit. 1998. p.33.

[4] Macalpine, Ida. ‘Desarrollo de la transferencia’ Op cit. 1998. P. 39.

[5] Miller, Jacques-Alain. ‘Lógicas de la vida amorosa’. Buenos Aires. 1991. Ediciones Manantial. p.52.

[6] Lacan, Jacques. Seminario 5 ‘Las formaciones del Inconsciente’. Paidós. Buenos Aires. 1999 cap. XXIV ‘Transferencia y sugestión’. pp. 431-446.

[7] Lacan, Jacques. ‘La dirección de la cura y los principios de su poder’ en Escritos 2 . Siglo XXI Buenos Aires. 2009. p. 588.

[8] Lacan, Jacques. Seminario 8 ‘La transferencia’. Paidós. Buenos Aires. 2003.

[9] Miller, Jacques-Alain. ‘Lógicas de la vida amorosa’. Op.cit. p.52.

[10] Lacan, Jacques. Seminario 5 ‘Las formaciones del Inconsciente’ Op.cit. p. 422.

Magda Mataix

Referencia sobre el artículo El desarrollo de la transferencia, de Ida Macalpine [1]

NODVS XLIX, juny de 2017

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