Dislexia y Psicoanálisis   

Este trabajo ha sido presentado en el contexto de las sesiones del GIPP- Grupo de Investigación: psicoanálisis y pedagogía, del curso pasado (2015-2016), bajo el título general del GIPP de ese curso que ha sido: “La función de lo escrito y aprender a escribir”, grupo que está a cargo de Susana Brignoni y Segundo Moyano.

  • Publicado en NODVS XLIX, juny de 2017

Resum

Saber leer y escribir es la puerta privilegiada  de acceso a la cultura. No son pocas las veces que recibo en la consulta demandas de padres cuyos hijos presentan dificultades en la lectoescritura. En ocasiones son ellos mismos, los padres, los que detectan un problema en el niño y en otras, es la escuela la que lo señala.

Si bien DISLEXIA  es un concepto psicológico- pedagógico que nos remite a un trastorno en la lectura y escritura, ¿cómo podemos posicionarnos desde el PSICOANÁLISIS para tratar esta dificultad? ¿Cómo puede intervenir un psicoanalista al recibir a un niño con problemas de aprendizaje? ¿Interviene solo con el niño o ha de tener en cuenta a otros sujetos, como los padres y los maestros?

Paraules clau

dislexia, psicoanálisis

Dislexia, nacimiento del concepto, teorías y actualidad.

El concepto Dislexia nace en el ámbito médico,  en Gran Bretaña, exactamente en el campo de la oftalmología, cuando James Hynshelwood en 1895,  un oftalmólogo, escribe en la prestigiosa revista “The Lancet” sobre varios de sus pacientes que presentaban una dificultad para aprender a leer. Un año más tarde, Morgan que era médico general, describe en un artículo un caso de un chico de 14 años que a pesar de ser inteligente no puede aprender a leer y a escribir.  Acuñaron el término de ceguera de palabras congénita, atribuyéndolo a alteraciones congénitas en las áreas cerebrales de memoria visual para las palabras.

A partir de allí el interés se va ampliando progresivamente a diversos campos del saber y cada uno de ellos intentó ubicar las causas así como describir los síntomas. Estos campos del saber han sido: la oftalmología, la neurología, la psicología, la sociología, la educación, la logopedia, la psiquiatría y actualmente la neuropsicología.

Las teorías sobre las causas de la dislexia han sido de lo más variadas: problemas visuales, de memoria, defectos en la estructura del cerebro, defectos funcionales del cerebro, factores ambientales adversos, dominancia incorrecta de un hemisferio cerebral (lateralidad cruzada), problemas emocionales o neuróticos, dificultades fonológicas,  dificultades en los movimientos oculares, etc.

Una vez revisada la historia del concepto dislexia,  podemos considerar a  la misma como un fenómeno multifactorial y en el que se han interesado diversos campos del saber. No hay coincidencia con respecto a las causas y a los tratamientos posibles pero lo interesante es que desde todos los campos del saber sí hay coincidencia en que la dislexia se puede recuperar.

La versión más actual y  quizás, difundida, del concepto de dislexia es la neuropsicológica, que la define como un  trastorno de la lectura y escritura que puede afectar  tanto la vía fonológica como la léxica y que es causa de dificultades en la comprensión lectora. Para que este diagnóstico sea posible, tiene que haber una inteligencia normal o superior (menos de  85-90 de CI- coeficiente intelectual- , ya  un retraso mental  por sí mismo explicaría las dificultades disléxicas); se tiene que descartar TEA (Trastorno del Espectro Autista) o trastornos psicóticos y no tiene que haber compromiso de ningún órgano de los sentidos (que el niño escuche bien, vea bien, o tenga compensados esos déficits), ni daño neurológico.

La logopedia, de la mano de la neuropsicología, explica la existencia de dos rutas “mentales” que permitirían el acceso a la lectura.

La ruta fonológica permite decodificar cada letra (grafema) en su correspondiente sonido (fonema)  y luego “juntar” los sonidos para verbalizar la palabra. Es la ruta que más se utiliza en los comienzos del aprendizaje de la lectoescritura o en los momentos en que leemos una palabra especialmente larga, desconocida, de difícil escritura  o inventada como por ej. :”plascasida.”

Leer a partir de la ruta fonológica es un proceso lento, laborioso y el esfuerzo está puesto en descifrar cada palabra para decirla correctamente, con lo cual la comprensión lectora queda en un segundo plano. Las dificultades más corrientes cuando esta ruta está afectada son las sustituciones (por ej.: d/b), las omisiones (“comerse” alguna letra), las adiciones (agregar letras), escribir juntas palabras que van separadas y viceversa. Son problemas en la ortografía natural que tienen que ver con falta de consciencia fonológica.

La ruta léxica, en cambio, funciona como un diccionario mental, que se ha ido formando a partir de la experiencia lectora y que permite leer palabras de un solo golpe de vista, por reconocimiento de la palabra en su conjunto y no de cada una de sus partes; es lo que nos pasaría si tenemos que leer, por ej, la palabra “casa”. El proceso es mucho más rápido, cuando leemos por esta vía podemos identificar las palabras sin esfuerzo, y esto nos permite ganar en velocidad lectora y centrarnos en el contenido de aquello que leemos,  pudiendo leer durante largo tiempo sin fatigarnos y por lo tanto, disfrutando de lo que se lee. Las dificultades en esta ruta se observan en la ortografía arbitraria, es decir en palabras que suenan igual pero se escriben diferentes, como por ej. a ver ( verbo ver) y haber ( verbo haber), vaca y baca, etc.

En la dislexia puede haber problemas predominantemente  en una de las rutas como en ambas, aunque en edades tempranas es más factible encontrar alterada la ruta fonológica (niños que leen muy entrecortado) y en niños más mayores y adolescentes, la ruta léxica (leen con bastante corrección, pero el ritmo es más lento de lo normal y no comprenden bien lo que leen).

 

Mi experiencia con la dislexia.

Como psicóloga en el ámbito clínico, me dedico a niños y adolescentes, y dentro de los motivos de consulta, uno muy frecuente son las dificultades en el desempeño escolar. Dentro de las mismas, destaca la dificultad de los niños y adolescentes para leer y escribir correctamente, y la consecuencia directa que es  una baja comprensión lectora. Esta es muchas veces, la causa de los suspensos en las lenguas y en las asignaturas que requieren lectura, como sociales y naturales.

Muchos padres consultan porque sus hijos suspenden asignaturas, es un gran motivo de preocupación para los padres el desempeño escolar de sus hijos. Muchos de ellos no saben cuál es la causa de esos suspensos. Algunos piensan que sus hijos son vagos y no le dedican el suficiente tiempo a los estudios. Otros observan el esfuerzo diario que hacen sus hijos y entonces  consideran que no tienen suficiente capacidad para estudiar, o que son tontos. Algunos sospechan que tiene algún problema de aprendizaje o emocional. En las escuelas, la mayoría de veces, los maestros y profesores piensan igual que los padres, que los niños no se esfuerzan o que no tienen capacidad suficiente y solo cuando el desempeño es muy bajo, entonces se plantean la posibilidad de algún problema de aprendizaje o emocional .La realidad es que los casos de “falta de esfuerzo y motivación  “y de” retraso mental” son los menos frecuentes.

En ocasiones, si hay suerte, me encuentro con escuelas que poseen algún profesional (psicólogo, logopeda)  en su claustro,  que  ayuda a los maestros a comprender que estos problemas no se deben a la baja inteligencia o la falta de dedicación, e incluso, en estos casos, esos mismos profesionales hacen las derivaciones a  psicólogos externos desde el mismo seno escolar, preocupados por el desempeño del niño. También hay que decir que hay maestros muy sensibles que captan cuáles son las verdaderas dificultades del niño y ponen mucho de su parte en comprender qué es lo que sucede.

Hay también casos paradójicos, en los cuales se realiza una derivación a psicología desde el colegio debido a alguna dificultad de aprendizaje que se vislumbra, y cuando esta dificultad se constata a partir de pruebas y se realiza un informe , donde se explicitan las adaptaciones que deben realizar para ayudar al alumno, lo que se produce es nada, es decir, se deriva el “niño-problema” afuera de la escuela y cuando hay una devolución , no se realiza ningún cambio que pudiese ayudar al alumno, como si se esperara que todos los cambios tuviesen que venir desde el exterior. En estos casos, el niño-problema es un síntoma para la escuela e intentan, mediante la derivación a psicología, desembarazarse de él, sin implicación de parte de la escuela.

 

Algunos ejemplos clínicos.

La dislexia como tapón de otro malestar

La madre de Natalia de 16 años, Juana, consulta porque últimamente hay muchos conflictos con Natalia, debido a que está muy rebelde con ella y con su pareja .Por otra parte me comenta que Natalia que está en 3ro de la ESO suspende muchas asignaturas y por este motivo ella no puede darle la libertad que la chica pide para poder salir con sus amigas, ya que eso sería un premio. Desde el instituto señalan que si quisiera Natalia podría aprobar y que  el problema es que no se esfuerza lo suficiente y le falta motivación.

Cuando conozco a Natalia, ella me explica que le dedica muchas horas al estudio en casa, más 3 horas por semana a academia de refuerzo y que así y todo suspende. Muchas veces ella sale contenta de los exámenes, creyendo que aprobaría, y luego se lleva una fuerte decepción cuando no llega al 5. Esto la pone de mal humor, normalmente le oculta a su madre los resultados y cuando ya no hay más alternativa y su madre se entera, vienen las discusiones, los malos rollos y los castigos. Es un círculo vicioso del cual no puede salir. Propongo hacer unas sesiones dedicadas a evaluar la posibilidad de que haya dislexia. En esas sesiones siempre dejo un espacio para explicar cómo van las cosas, en casa, en la escuela. La evaluación es positiva para dislexia y esto produce un alivio de la tensión madre-hija sobre temas escolares, realizo un informe para que los profesores  estén enterados y se pongan en marcha las adaptaciones necesarias.

El vínculo madre-hija se distiende. La madre comprende que no se trata de desidia por parte de su hija sino que hay una dificultad real. Las discusiones se desplazan a otros ámbitos. Natalia se lleva mal con la pareja de su madre, no lo acepta, no le gusta su forma de ser. Se trabaja esto en las siguientes sesiones y sale a la luz la infancia de Natalia, de la cual su padre desaparece muy pronto y actualmente no hay contacto. Surge la pregunta de Natalia sobre por qué su padre no pudo hacer de padre, a pesar de la separación con su madre. Tiene muchas amigas de padres separados, cuyos padres hacen de padre, pero el suyo no. Se abre la posibilidad de hablar de un malestar que había sido reprimido hace años. En este caso el diagnóstico de dislexia permitió reconocer los esfuerzos académicos de Natalia, solicitar una mejor comprensión del problema por parte de su madre y de la escuela y desplazar el malestar ubicándolo en la cuestión paterna. Se comienza  a esbozar la pregunta de Natalia que podría ser formulada así: “¿Por qué mi padre al separarse de mi madre, también se separó de mí? ¿Por qué se alejó y no quiso hacer de padre?

 

La dislexia, síntoma materno

Beatriz consulta por su hija, Jana, de 5 años. Está muy preocupada porque Jana invierte letras y cambia otras. La preocupación es también de la maestra quien enseñó a Beatriz un trabajo de Jana  en el que las palabras estaban mal escritas con inversiones y sustituciones evidentes. Se trata de un trabajo de copia, ya que Jana se está iniciando en la lectoescritura. Beatriz se alarma, ya que ella ha sufrido mucho por ser disléxica, le han hecho repetir curso y en la escuela la consideraban tonta hasta que en un nuevo colegio confirman que es dislexia y comienza a mejorar a partir de una maestra que le dedica especial atención. Actualmente tiene carrera universitaria y un buen trabajo en el ámbito bancario. Decido ver a Jana. Se muestra muy motivada por aprender, enseguida escribe palabras en la pizarra y me cuenta que le encanta jugar a la maestra con su hermano y sus peluches. Escribe correctamente casi todas las palabras que le propongo y las que ella propone. Si hay algún error, al señalárselo, lo corrige enseguida. Me explica que ella antes se equivocaba porque hay números y letras que se parecen y me lo explica muy bien: la P se parece al 9, la F al 7, la S al  2.Me dice: el 8 son dos S, una para un lado y la otra para el otro lado y me lo demuestra en el papel; me cuenta que ella sabe que  existen varios 4, y que hay un 4 que se parece a un triángulo.  También ha descubierto que hay letras que se parecen entre sí, aunque cambian de posición. Jana ha hecho sus propias investigaciones sobre las letras y sus conclusiones le están permitiendo no equivocarse, me lo ha dejado muy claro. El malestar estaba claramente ubicado en Beatriz, la madre y no en la niña. Esta explicación produjo mucho alivio en Beatriz, con ella ha quedado la puerta abierta por si alguna vez quiere seguir hablando de los problemas que marcaron su infancia y que son la base de sus temores con respecto al desempeño académico de su hija.

 

La dislexia como inhibición

Paula, la madre de Alex de 7 años, que hace 2do de primaria, consulta porque su hijo suspende varias asignaturas y va muy justo en las otras. Solo aprueba con Notable o Excelente en Plástica. Le encanta dibujar, está todo el día dibujando o jugando a Legos, que también le encantan. Conozco a Alex. Mientras hablamos, Alex hace dibujos o elige jugar a juegos de construcción; me va contando lo que le gusta, lo que hace en la escuela y en casa. En la escuela no la pasa bien porque no sabe leer y escribir como los otros, él quisiera, lo intenta, pero es muy difícil y no le sale bien, esto le angustia por momentos. Algunos compañeros se burlan de él porque lee mal. A veces le cuesta explicarse correctamente, pronuncia mal algunas palabras y enlaza las frases con dificultades gramaticales,  de manera que no se entiende bien lo que está explicando. Intervengo preguntando cada cosa que no entiendo y él se esfuerza en responder .Estas intervenciones tienen la finalidad de hacerle ver que no es lo mismo hablar  por hablar, que hablar para que los demás lo entiendan.

Mediante algunas sesiones de evaluación se comprueba las dificultades en la lectoescritura y se diagnostica dislexia. Por estar ya casi finalizando el curso, Alex repite 2do de primaria.

En las sesiones trabajamos la lectura y la escritura a partir de sus propios intereses: por ejemplo, a Alex le gusta dibujar  y en la medida que va dibujando, me va explicando lo que está haciendo, quién es el personaje, qué hace, qué pasa después. Entonces le propongo que a esos dibujos le agreguemos la palabra escrita, justamente  pasar al escrito aquello que él me explica oralmente. Acepta y  poco a poco me empieza a preguntar cómo se escriben determinadas palabras, no quiere escribirlo mal. Otras veces me explica por escrito sus juegos y construcciones y luego leemos y analizamos esos escritos, vemos si los demás lo pueden leer y entender y sino, le ayudo a corregir para que sea legible. Todo este trabajo ha tenido repercusiones positivas en la escuela, ya que  ha sacado muy buenas notas, mayoría notables y hasta algunos excelentes, de los cuales se muestra muy orgulloso. Ahora el cole no le parece tan difícil y empieza a disfrutar de aprender.

 

Tratamiento de la dislexia: posibilidades y condiciones del éxito. 

¿Cómo se “resuelve” la dislexia? ¿Cómo se tratan estas dificultades? La “resolución” de la dislexia se realiza casi siempre a través de otro,  ya sea profesor de refuerzo, logopeda, pedagogo, psicólogo, que da soporte, que ayuda y sostiene, que enseña técnicas y que hace de “mediador” entre el disléxico y lo escrito, es decir que este otro, hace intermediar recursos simbólicos que allanan el camino hacia lo  que puede ser leído o escrito. Mediador en relación a lo que se lee y escribe pero también  mediador con respecto a  la demanda parental y a la demanda escolar.

Esas técnicas o recursos que se aplican, dependen de la edad de la persona.

En los más pequeños se trabaja la conciencia fonológica, la correcta pronunciación de palabras, el deletreo, se trabajan con imágenes que sustituyen o dan apoyo a las palabras y son idóneas  a la hora de memorizar la manera de escribirse de una palabra. ( por ej, en catalán “veure” y “beure”, haciendo los dos gestos de la V y de la B con las manos). En mi caso trabajo con juegos en los que aparecen las letras, como puzles, juegos de memoria, dados con letras para formar palabras, etc. También se pueden formar las letras con plastilina, es decir hacer letras 3D.

Con los más grandes, es decir, último ciclo de primaria y la ESO, se hace hincapié en la comprensión lectora, que es lo que más necesitan para poder estudiar las distintas asignaturas. La comprensión lectora se trabaja a partir de los textos, ayudando a ubicar las palabras claves y las ideas principales y a partir de las mismas construir un nuevo texto, con un vocabulario más accesible y personal, que puede tener diferentes formas: resumen, esquema de flechas, mapa conceptual, etc. La idea es que el niño se “apropie” del contenido y lo personalice con ayuda de quien  hace lo que se ha dado en llamar “reeducación” de la dislexia. De alguna manera, el otro que sostiene este trabajo, lo que hace es sostener el deseo de saber y hace de puente, entre el sujeto y las páginas del libro. La mayoría de las veces, el comenzar a obtener algunos éxitos escolares, ese deseo de saber resurge y esas técnicas se empiezan a utilizar con más efectividad. En la reeducación de la dislexia se trabaja también con material audiovisual, haciendo que un niño  por ej. grabe las lecciones para escucharlas después o grabándoselas un adulto en un mp3. Actualmente hay softwares especializados que “leen” los textos escritos y facilitan esta tarea, de esa manera se puede estudiar escuchando y no solo leyendo. En esta misma vía se utilizan también vídeos sobre historia o juegos interactivos en geografía que nos permiten aprender por otros medios que no son la lectoescritura.

De todas maneras, en mi práctica, no siempre decido hacer estas reeducaciones, de hecho en las 3 viñetas de casos, solo he hecho reeducación en uno de ellos.

Estos tratamientos de la dislexia tienen una condición fundamental: solo producen un efecto positivo cuando se ha puesto a punto el deseo de saber y cuando se establece una transferencia positiva entre ambas partes. No se le puede enseñar nada a quien está decidido a rechazar el saber. Esta transferencia se logra a partir del interés que el que educa pone en el niño, en sus posibilidades, en sus logros, en saber qué lo mueve y qué desea. Se trata de “encender una llama”  y ayudar a mantenerla viva.

 

Algunas respuestas y conclusiones 

¿Qué lugar podemos darle a la dislexia, así como a otros problemas de aprendizaje y de conducta, desde el psicoanálisis? ¿Conviene utilizar los significantes con los cuales el contexto escolar y la sabiduría popular describen estas dificultades  o conviene rechazarlos? ¿Se ha de rechazar  siempre esa demanda de diagnóstico, de evaluación del niño?

Mi política como psicóloga con orientación psicoanalítica ha sido la de acoger los significantes que vienen del contexto pedagógico, recibir la demanda de atender al niño, y en algunos casos, de evaluarlo,  pero sin perder de vista los   otros sujetos que intervienen en este proceso: los padres y  los tutores. Esta posición implica, en ocasiones, una demora en conocer al niño, siendo por ej. la madre, la que asista a unas primeras sesiones,en las cuales se despeje lo que hay detrás de su pedido. Quizás esta sea una de las particularidades de la clínica con niños y adolescentes, que siempre incluye escuchar a los adultos, pero no es seguro que conozcamos al niño. Y cuando lo conozco, si hay un pedido de evaluación, nunca lo realizo sin su consentimiento, y sin haber llegado con él a la conclusión de que esos resultados le servirán de ayuda para cambiar una situación que no le gusta. Si no hay algo de su deseo puesto en juego, es mejor esperar y poner entre paréntesis la demanda escolar de diagnóstico.

 Es el caso de Fabiana, que viene a la consulta derivada por la escuela y la academia de refuerzo de su hijo, ya que las notas de Raúl están casi todas suspendidas. El niño se distrae mucho, no se concentra, está muy inquieto en clase. En el pedido  de ayuda para su hijo, se desliza claramente un pedido de escucha para ella, quien padece fibromialgia, y tiene serios problemas con su familia de origen a quienes intenta ayudar pero sabe que esa ayuda cae en saco roto. Esto es decepcionante y angustiante para ella, le duele el cuerpo y el alma  y sabe, me dice, que su hijo es espectador de ese dolor y que esto le afecta a él también. Decido verla a ella unas sesiones y luego conozco a Raúl quien llorando, me explica cómo le repercute a él el sufrimiento de su madre. Me dice que su tutora cree que tiene TDAH, Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad y yo le digo que puede ser, pero que también podría ser que la preocupación que siente por su madre le impida concentrarse y que sus pensamientos, en clase, se dirijan hacia otros temas que le afectan.El me mira y se le escapa una sonrisa, y yo también me sonrío, ratificando su propia interpretación. Actualmente veo a Fabiana y a Raúl una vez por semana a cada uno, para que en el uno por uno, el deseo singular  se sostenga en un espacio de circulación y de interpretación.

Laura Costa

Dislexia y Psicoanálisis   

NODVS XLIX, juny de 2017

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