Anfitrión en Plauto y Molière

Referencia del "Seminario II: El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica", presentado en el Seminario del Campo Freudiano el 16 de mayo del 2020.

  • Publicado en NODVS LVIII, juny de 2020

Paraules clau

Espejimaginario. Aparte. Triangulación. Alteridad.

La semejanza entre las obras es muy clara ya que aparecen tanto las mismas características de los personajes y en similares situaciones. También hay diferencias, por un lado, varias son debidas a la época de cada una de las obras: Anfitrión de Molière presentada en 1668 en la aristocracia francesa es un hipertexto de Anfitrión de Plauto, que refiere al año 187 a.C.1 Por otro lado, en Molière es Sosia quien ocupa el primer plano, y es en Plauto, que Alcmena está mucho más presente.

Mientras que Anfitrión está en la guerra contra los teléboas, el dios Júpiter haciéndose pasar por él, se aprovecha de su esposa Alcmena, de la cual está enamorado. De esclavo le sirve Mercurio, el cual se transforma en el esclavo de Anfitrión, Sosia. Al volver de la guerra los verdaderos Anfitrión y Sosia son burlados de una manera increíble. El resultado es el escándalo entre marido y mujer, acusándose mutuamente hasta que Júpiter hace sonar un trueno y confiesa desde el cielo su adulterio y Alcmena da a luz dos gemelos.

En Plauto la obra comienza en forma de un diálogo en la noche por medio de la tradición del aparte: los personajes en la misma escena se dirigen palabras que valen por el carácter de eco que cobra en las palabras dichas independientemente por el otro.

En Molière, en cambio, La Noche es un personaje más, el cual dialoga con Mercurio cuando éste le pide a ella que sea la más deliciosa y larga de las noches para que su amo, Júpiter, pueda disfrutar más de Alcmena.

Sosia fue introducido por Plauto como un doble cómico, y aunque los mitos griegos no son yoicos, “los yo existen y hay un sitio donde los yo tienen naturalmente la palabra: la comedia”2. Luego la leyenda se enriqueció a través de Molière.

 

¿Por qué Lacan toma a Sosia de Plauto y Molière?

Es a través de Sosia que observamos el lugar y función que el yo tiene en el psicoanálisis. Este personaje es diferente al sujeto del cual nos topamos como analistas: es un objeto, Sosia es el yo. Freud, en “El yo y el ello”, sostiene que el psicoanálisis no puede situar en el yo el centro de lo psíquico, sino que apunta a “lo otro psíquico”3 que produce sus efectos, el inconsciente. Es Lacan quien hace hincapié en el sujeto del inconsciente y postula la necesidad de restaurar este descentramiento mal interpretado por lecturas post-freudianas: “el inconsciente es ese sujeto ignorado por el yo, desconocido por el yo”4.

En el encuentro entre los Sosia, se produce algo de lo espejimaginario5 y nos muestra una característica del plano simbólico: jamás hay encuentro que sea un choque. Lacan toma a Sosia porque es perfectamente homologable con el yo en cuanto a la especularidad que le es propia.

Así es que, luego de ganar la guerra y llegados al puerto, Anfitrión da una tarea a Sosia: “Él me ha mandado a mí por delante del puerto a casa, para que le diera estas noticias a su esposa, de cómo ha llevado a cabo la misión encomendada bajo su dirección”6. Entonces, vemos cuando Sosia llega a la casa y se encuentra con Sosia:

 

ME: ¿Quién va ahí?

SO: Yo.

ME: ¿Quién yo?

SO: Yo. (Aparte) ¡Valor, Sosia!

ME: ¿Cuál es tu condición?, dime.

SO: La de ser hombre y hablar.7

 

Se va modelando una relación amo-esclavo reversible: uno intenta dominar al otro ya sea por medio de los puños o por la palabra, y es aquí en donde la relación se torna dialéctica, agresiva, especular.

 

ME: ¿Eres libre o esclavo?

SO: Soy lo que me da la gana.

ME: ¿De verdad?

SO: Sí, de verdad.

ME: Te estoy viendo apaleado.

SO: Y yo te estoy viendo mentir.

ME: Ya verás cómo no.

Y Mercurio golpea a Sosia.

(…)

ME: ¿Quién es tu amo?

SO: El que tú quieras.

ME: Entonces, qué, ¿cómo te llamas?

SO: De ninguna manera, según como tú digas.

ME: Pues, ¿no decías que eras Sosia, el esclavo de Anfitrión?

SO: Me he confundido, lo que quise decir es que era socio de Anfitrión.

En este pasaje observamos tal como lo expresa Lacan que “la posición fundamental del yo frente a su imagen, es en efecto esta inversibilidad inmediata de la posición de amo y criado”8.

Hay una disputa por la identidad: si bien la violencia está presente, cobra mayor importancia el lenguaje. Siguiendo a Benveniste, la enunciación es poner a funcionar la lengua por un acto individual de utilización, y toda enunciación postula un alocutario, o sea, un otro. Aquí, Mercurio busca convencer a Sosia de la posesión del nombre, destacándose, como el que se apropia de la instancia de enunciación para auto-designarse y así, designar a otro.

Llega el momento entonces, en que Sosia comienza a dudar de sí: “¡Diablos, la verdad, es que cuando le miro a él, reconozco mi figura, tal como yo soy; se parece una barbaridad a mí (…) no hay dos cosas más parecidas! (…) porque desde luego éste es una reproducción exacta de mi persona”9.

Después de la paliza, Sosia decide buscar a un Otro que garantice su identidad: este garante es el propio amo, Anfitrión: “Me voy al puerto y le contaré al amo lo que ha pasado”10.

Lamentablemente para Sosia no le va del todo bien:

 

AN: ¿Te han pegado?

SO: ¡Ya lo creo!

AN: ¿Y quién ha sido?

SO: Yo.

AN: ¿Tú te has pegado?

SO: Sí, yo: no el yo de aquí, sino el yo de la casa, que pega por cuatro.  

(…)

AN: Acabemos, ¿Has visto a mi mujer?

SO: No.

AN: ¿Por qué?

SO: Por una razón bastante poderosa.

AN: ¿Quién te lo ha impedido, tunante? Explícate.

SO: ¿He de repetir veinte veces lo mismo? Yo, os digo, ese yo más robusto que yo, ese yo que me ha hecho someterme, ese yo que quiere ser el único yo, ese yo celoso de mí mismo, ese yo valiente, cuya furia se ha dado a conocer al yo cobarde, ese yo que se ha mostrado mi amo, ese yo que me ha molido a golpes11.

 

Entonces Anfitrión golpea a Sosia, como dirá Lacan: “En otros términos, le analiza la transferencia negativa. Le enseña lo que debe ser un yo”12

La relación entre Anfitrión y Sosia es de amo-esclavo también como ocurre entre los Sosia, pero en este caso es una relación no reversible, no hay posibilidad de intercambio de lugares ya que uno de ellos es el amo real.

El que no puede buscarse un garante es Mercurio, ya que no dispone de la palabra para dar cuenta de sí: su garante, Júpiter, está ocupado con Alcmena, y el “yo soy” no lo puede pronunciar, ya que si así lo hiciera, develaría todo el engaño. Es decir, Mercurio representa de una muy buena manera al yo, donde la palabra queda ausente y es por medio del acto que es posible lograr su cometido.

Para poder acceder a Alcmena, para que aparezca el deseo, es necesario que se trascienda la formalidad. “Veis un marido, veis un amante”13, le dice Júpiter a Alcmena.

Júpiter transformado en Anfitrión, es el “todos los hombres” universal que ama la mujer, es decir es al mismo tiempo el hombre más concreto y más universal. De esta manera lo comenta Mercurio: “Júpiter, (…) ante ciertas bellezas mortales, ha sentido los dardos de los ojos de Alcmena, (…) y mientras su esposo, Anfitrión, manda las tropas tebanas, él ha tomado su forma, y bajo ella recibe un alivio a sus penas con el goce de los más dulces placeres”14

Entre Anfitrión y Júpiter no hay simetría. Ambos apuntan hacia un mismo objeto, Alcmena, pero desde lugares diferentes. Mientras Júpiter es amante, Anfitrión es esposo. Pero, aunque Júpiter sea dios y pueda disponer de cualquier mujer según su voluntad, no puede obtener a Alcmena sino mediante la transformación en Anfitrión, ya que ella forma parte del pacto simbólico al que se debe, al matrimonio. Él se encuentra con un límite, con lo formal, por ello dicha transformación en Anfitrión.

En definitiva, tanto Sosia como Júpiter necesitan de Anfitrión: el primero para garantizar su identidad, y el segundo para poder acceder a Alcmena.

Notes

Anfitrión (Plauto). (Sin fecha). En Wikipedia. Recuperado el 16 de abril de 2020 de https://es.wikipedia.org/wiki/Anfitri%C3%B3n_(Plauto)

Lacan El Seminario, libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica. Paidós. Buenos Aires 1983, p. 394.

3 Freud, S. El yo, el ello y otras obras (1923-1925). Amorrortu. Buenos Aires 2013, p. 25.

4 Lacan, J. El Seminario, libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica. op. cit., p. 72.

5 Ibíd., p. 395.

Plauto, T. Comedias I. Gredos. Madrid, 1992, p. 55.

Molière. Don Juan o el Festín de piedra – Anfitrión. Cátedra. Colección Letras Universales. 2017 (Versión digital), p. 195.

Lacan, J. El Seminario, libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica. op cit., p. 396

Plauto, T. Comedias I. op. cit., p. 67.

10 Ibíd., p. 68.

11 Molière. Don Juan o el Festín de piedra – Anfitrión. op.cit., p. 209.

12 Lacan, J. El Seminario, libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica. op. cit., p. 398. 

13 Molière. Don Juan o el Festín de piedra – Anfitrión. op. cit.,  p. 203.

14 Ibíd., p. 189.

 

Facundo Juan Tardivo

Anfitrión en Plauto y Molière

NODVS LVIII, juny de 2020

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