El vacío estructurante

Trabajo para la obtención de la acreditación del Consell Català de la Formació Mèdica Continuada en el curso 2007-08

  • Publicado en NODVS XXVI, novembre de 2008

Resum

En el siguiente texto, el autor realiza un recorrido conceptual por el Seminario X  "La Angustia"  de Jacques Lacan y así establecer la importancia fundamental del vacío como función estructurante del sujeto. Para ésto desarrolla los conceptos de angustia y objeto a, fundamentales para comprender este lugar de falta significante en la teoría lacaniana.

Paraules clau

Falta, vacío, objeto a, angustia, estructura.

Es una cuestión topológica. En el sujeto lacaniano hay el lugar de un vacío, el cual es designado o mostrado por el objeto en sus distintas formas. Así, mostrando más que demostrando, la topología fue útil a Lacan en el seminario 10 para designar el lugar del vacío o el agujero y la constitución del objeto a. Respecto a este último dice que "tan solo se trata de un desecho que designa lo único que es importante, o sea, el lugar de un vacío"1. Es decir, que es mucho más relevante el vacío que el objeto pues el vacío en el sujeto es un hecho de estructura, tiene una función estructurante.

El objeto per se puede tomar una o varias de las cinco formas del objeto a (oral, anal, fálico, escópico, voz) pero de lo que se trata, fundamentalmente en el sujeto, es de la relación perenne con un objeto perdido, con el objeto perdido, que se relaciona con la separación de cierta parte del cuerpo. Sabemos de este primer objeto perdido, que el sujeto solo lo reencontrará como representación, en los nuevos hallazgos del objeto, representado como algo más, nunca como el objeto tal cual pues el objeto es siempre un objeto reencontrado, el haber sido perdido es sólo la consecuencia retroactiva. De esta manera, el objeto como tal se presenta en lo real, inaccesible a lo simbólico.

De lo anterior podemos deducir que el objeto puede engañar pues siempre se trata de otra cosa y no de eso. Lo que nos debe interesar es lo que contiene a este objeto, a saber el vacío, ese lugar en donde hay la falta. La angustia nos da esa señal. Llamemos entonces la atención a lo que Lacan dice en el capítulo V del seminario 10, que "Lo que no hay que olvidar en ningún momento es que el lugar que hemos designado en este pequeño esquema como el de la angustia, ocupado actualmente por el (- ), constituye un cierto vacío. Todo lo que se puede manifestar en este lugar nos desorienta, por así decir, en cuanto a la función estructurante de dicho vacío."2

Entiendo por la función estructurante del vacío, que la estructura tiene un vicio: el vacío. Es decir que la relación con el Otro va a dar siempre a este lugar, al lugar de la falta de significante, que a su vez es lo que para Lacan hace posible la relación con el Otro, con aquello de donde surge que haya significante. Este punto es, en cierto sentido, el que no puede ser significado y al que Lacan llama el punto "falta de significante".

Lo que dura, la función de estructura, es entonces esta falta en tanto es lo que permanece, lo que siempre está y con lo que el sujeto debe saber hacer. Esta falta es radical, y de aquí que podamos hacer la relación de esta falta, con el objeto perdido (y el objeto a) y el cuerpo, así: en tanto que la falta constituye la subjetividad, en tanto tacha al sujeto y "en cuanto algo accede al saber, hay algo perdido, y la forma más segura de abordar eso perdido, es concebirlo como un pedazo de cuerpo"3.

Hay así una falta que es irreductible, esa que siempre permanece y que se mostró bien en el seminario 10 con el cross-cap. Esta estructura, como el sujeto, no conlleva el colmamiento del agujero. El cross-cap que interesa al psicoanálisis mantiene indistinto el adentro y el afuera, el corte entre el sujeto dividido del inconsciente y el objeto a. Es así como puede decirse que la figura del cross-cap da cuenta de la forma en que la estructura, al encarnarse en una superficie concreta puede representar al sujeto, al precio de una falla, de un defecto, de una sutura. Dicho de otra manera, esta pequeña pieza faltante, este corte en el cross-cap es el objeto a; y este lugar de la falla, de la falta o de esa sutura, es el lugar que no se puede colmar, es el lugar del vacío para retomar el término que utilizamos al principio. Vacío o falta que el sujeto suele creer que colma con las formas del objeto a, pero se trata de una ausencia que ni el símbolo puede suplir.

De alguna manera, Lacan ya hablaba de este "contenedor" que es el vacío, de este lugar con función estructurante en el seminario 7 "La Ética del psicoanálisis" cuando se refirió a Heidegger y la vasija. Así, en el seminario sobre la angustia, dice seguir con su historia de tarros, vuelve a hablar de vacíos y vasijas. Aludiendo a las culturas lo dice así: "Con la vasija basta, la relación del hombre con el objeto y con el deseo está ahí toda entera, como algo sensible y que sobrevive".4

Tenemos entonces un acento sobre la vasija en tanto que lleno-vacío, en tanto que contiene o no. Es en este lugar en donde emerge el objeto a. Diremos que para este lugar no hay palabras, no hay palabras para el vacío. Es un vacío con una dimensión paradojal y familiarmente extraña, paradojal en tanto que está pero que no se puede nombrar, y familiarmente extraña en tanto que se presenta al sujeto a manera de lo extraño, lo extranjero, das unheimlcih. Podríamos decir que es el límite de la experiencia humana y que bien lo contornea Walt Whitman cuando escribe "There is that in me--I do not know what it is--but I know it is in me...I do not know it-- it is without name--it is a word unsaid--It is not in any dictionary, utterance, symbol…"5

Pero bien, si por una parte, el objeto a es engañoso y más bien solo puede orientarnos, y por otra, el vacío no se puede nombrar, debemos saber que lo que no engaña es de lo que trata el seminario en cuestión: la angustia. La conocida frase lacaniana "la angustia es el afecto que no engaña" nos da la clave para saber que allí donde aparece la angustia no hay engaño. La angustia no es sin objeto y eso lo demuestra el hecho de que en la angustia, lo que surge es lo hostil domesticado, apaciguado, admitido (lo heimlich). Lo que es Heim, dice Lacan, no pasa por el reconocimiento, ha permanecido como "lo ominoso o lo siniestro", menos habituable que inhabitante, menos inhabitual que inhabitado, y es el mismo surgimiento de lo Heimlich lo que constituye la escena de la angustia. Lo que sucede es que se presenta una suerte de corte que se abre y deja aparecer lo inesperado, la visita, el presentimiento. De esta manera, partiendo de la angustia "se puede tomar cualquier orientación. Lo que esperábamos a fin de cuentas -y ésta es la verdadera sustancia de la angustia- es ese lo que no engaña, lo fuera de duda… La angustia no es la duda, la angustia es la causa de la duda."6

Así, para tomar esto último en lo actual, diremos que la duda, la pregunta, el cuestionamiento, han dejado su lugar a los objetos de consumo. El "no pienso" tan común hoy en día, evoca a ese Otro que lanza y lanza objetos (para taponar la falta) y al sujeto que se lanza y lanza sobre ellos (para intentar "ser completo") entonces la angustia no aparece, pues no hay ni duda, ni división, ni el corte que deja aparecer lo que no se esperaba. Queda el goce. El deseo no se conoce. Así, la publicidad, la literatura "light" o de "autoayuda", los objetos actuales de fácil digestión y que invitan a un no pensar contribuyen a que las preguntas y las verdades de cada uno queden olvidadas. Y de este modo, "todo síntoma no reconocido es incorporado inmediatamente al falso ser del sujeto que se afirma en el "no pienso". Falso ser que traduce un modo de ser en el que el sujeto ignora lo que es para el Otro y que permite al sujeto desentenderse de los pensamientos que pueden cruzarse en su mente, pensamientos que se reducen a algunas representaciones que dan figura al ser inflado de lo imaginario."7

Para finalizar diremos pues que la angustia es la brújula que nos indica un lugar, unas coordenadas. Las del vacío, de la falta, también del deseo. Se debe entonces saber dialectizar, bordear, contornear este vacío para poder concebirlo y crear a partir de él, y así, hacerse un ser con la nada (solución para la mujer, que va del lado del ser). De esto se trata en la experiencia analítica, de saber hacer con ese vacío, con esa nada. De saber hacer con esa parte del síntoma que no se puede nombrar.

Notes

  1. Lacan, J. (1963). El seminario 10: La Angustia. Buenos Aires- Barcelona- México: Paidós. p. 80
  2. idem. p. 68
  3. idem. p. 146
  4. idem. p.203
  5. Whitman, W. (1891). Song to myself. Leaves of Grass. Consultado el 2 de mayo de 2008 en http://www.princeton.edu/~batke/logr/logr.htm-1.html
  6. Lacan, J. (1963). El seminario 10: La Angustia. Buenos Aires- Barcelona- México: Paidós. p.87
  7. Palomera, V. (1998). El Síntoma Charlatán. En du Seuil Ed. Como la ciencia exculpa. (P.298). Barcelona: Ed. Paidós.
Claudia González Aja

El vacío estructurante

NODVS XXVI, novembre de 2008

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